Adjunto el link en el que pueden ver la presentación de BEBE SIRENA en la Biblioteca Nacional.
http://www.youtube.com/watch?v=CGJNlRrLet4
viernes 29 de agosto de 2008
lunes 14 de julio de 2008
domingo 8 de junio de 2008
Autores de noche

Este es el afiche de un ciclo de lecturas que se realizarán en la Biblioteca nacional. En ellas participarán autores muy interesantes y queridos por mi como son Gustavo Barrera, Felipe Becerra, Paula Ilabaca, Pablo Paredes, entre otros con propuestas destacadas dentro del nuevo planisferio poético nacional. Mi lectura es la última del ciclo, el día 18 de julio.
sábado 17 de mayo de 2008
Acerca de la escritura propia
Estas son las respuestas que di a unas preguntas que Alexis Figueroa me hizo para incluirlas en su antología de poetas de Concepción menores de 30 años.
¿Qué es para ti la escritura, la poesía?
El ejercicio de la escritura se me ha dado como cosa de placer, es decir, como cosa vital. Me es como el cantar con la garganta llagada, lo que significa que me entrego a un decir que, así como necesario, es doloroso, pues en él resuena mi diferencia con el próximo y las miserias de las que me he o me han hecho objeto el abanico de convenciones sociales en boga por el occidente donde crecí. Insisto, por tanto, en que es hecho de placer el poetizar una realidad con un idioma, ya que, como se sabe, el goce contiene su buena pizca de dolor adosado y su cierta dosis de daño cuando se trata del mejor.
Así también, la escritura sería para mí lo que la locura a un mendicante, debido a que ella me hace sentir como el poderoso que puede ver lo que el prosaico pasa por alto, no obstante, mi condición desmedrada y zarrapastrosa. Digamos entonces, que hablo de ocupar un lugar en el que lo marginal de pronto se halla en la esfera del privilegio, es decir, donde el orate se sabe veraz, aunque el vecino en la banca de su plaza le mire despreciando y el arrendador de su morada lo asquee con denuedo.
Y por eso que se tiene de loco y de enfermo es bueno que la cosa dicha aparezca con la sintaxis un tanto quebrada y con palabra muy novedosa, así como si se buscase, como lo hiciera Brecht, extrañar al que concurre a su proscenio. Y, ciertamente, por eso de loco y por eso de no importarle a uno perder la apuesta es que la garganta propia debe ser la cloaca de la denuncia quemante y la fauce mordedora de la mano que a uno le dio el nombre. Al fin de cuentas, uno debiera tener como máximo referente no a la ciencia, ni a la ley de los hombres, sino a la entrega del que danza, del que expone su centro a una rutina diaria y extenuante, aquel que hace su arte, sólo, por medio de una inmolación cuotidiana, una muerte sobre la escena, como la tiene una bailadora sangrada toda una vida bajo el reflector y el ojo avizor de su público.
¿Cuáles son los criterios en los que se enmarca tu creación?
Los criterios que sirven de marco y cima a mi acosar la palabra tienen que ver con los instintos quemantes y las dubitaciones que muerden el seso, con los accesos súbitos de horror y las definiciones que osa mi afán quebrantando lo ya dicho o lo ya impuesto. Debido a lo anterior, será bueno entender que el ámbito de reflexión de mi quehacer estará circunscrito a los ardores del cuerpo, a los clamores del sexo, a los hondores del instinto, a los laceramientos que sufre la carne y a un reclamar con el gesto adusto, en síntesis, a lo que Artaud hubiera llamado el acontecer del hígado que es lo mismo decir que el acontecer del alma.
¿Cómo ves la actividad artístico-poética de la que consideras tu generación?
Yo la veo como ve un testigo pasivo la revuelta de los hombres libertarios. Yo la veo, a la actividad artístico-poética de mi generación, como a un gesto de desenfreno y súplica denodado, más que todo, y hambriento, por cierto. La intuyo poseedora de la misma pasión multiplicadora de la información actual, es decir, con una clara tendencia hacia la expansión y amplificación velocísima antes que a un carácter de concentración y amalgama. Me parece ver venir o estar viendo poesía que es la regurgitación masiva de los dentrores de mis hermanos más que un trabajar como en joyería. Esto último no en desmedro de la belleza de las piezas sino en ganancia del desenfado y vocación de denuncia. Es decir, se está haciendo poesía.
Al mismo tiempo gustaría decir que veo dos poéticas funcionar, las unas queriéndose penetrar a los intersticios del ser y las otras escapando a toda costa del centro mismo del hecho humano. Esto no se debe a una cosa adquirida o externa sino a una forma de venir siendo, ciertamente, congénita y a la fisonomía espiritual de cada autor. En cuanto a esto, reconozco mi preferencia no por la escritura que escapa de su centro y se haya temerosa de si misma como un surtidor de imágenes letales que espanta a todo el resto de su cuerpo. Amaría, por cierto, una poesía que propenda el acercamiento y el hermanamiento, donde dos o más pudieran reconocerse en la misma noche como oficiantes del mismo templo.
En general, se puede apreciar un escribir que no puede definir bien las márgenes de su género: estarán los que digan que a la poesía ya no le alcanza la poesía y que el decir poético emprende ya una retirada hacia otras formas situadas en el entre de una prosa y un versificado, por ejemplo. O en el entre de un cuento y un quién sabe qué. Y todo esto estará bien pues da cuenta de que la palabra está viva y cambiante por lo viva y enloquecida por lo viva.
¿Cual es tu experiencia de crear en provincia?
A mi la provincia me ha educado en la prudencia y/o el temor, cosa para nada negativa. Digo esto porque de niño me tocó ver en el mundillo de la poesía unas envidias de espanto y unas bajezas de cuento. Todos feos asuntos que me sumieron en un escribir callado y demorándose como lo podría hacer un bivalvo. Pero esta situación lejos del desmedro que supone ha significado para mi verbo el contexto apropiado para madurar, así como la pupa es para la mariposa. Es por esto que suelo hablar de una labia larvaria, que es un cocer el verbo en forma constante, a ver si lanza alguna vez un hervor de talento en un dicho luminoso.
El hecho de vivir así la poesía, casi en callamiento total a no ser por maravillosas excepciones humanas y penquistas, me ha obligado a salir en busca de pares fuera de mi terruño y esta decisión que alguna vez tomé ha constituido un desencadenamiento de esplendores altamente favorables. Es así, como he reconocido a otros escribientes con mi misma índole en distintas ciudades de este país, a saber Valdivia, Temuco, Puerto Montt, Santiago que es grande en amistades, y Valparaíso, subyugante y sobrenatural. Y en otros parajes más distantes también como Bogotá, Cali, Buenaventura, Popayán y la mismísima selva colombiana del pacífico en esa isla de Ladrilleros. También he abrazado la poesía de personajes limeños, los hube miraflorinos y del Rimac, así como también inolvidables arequipeños y piurenses, a quienes aquí llevo recordándolos, así como a mis amigos de La Paz y Mérida.
El ejercicio de la escritura se me ha dado como cosa de placer, es decir, como cosa vital. Me es como el cantar con la garganta llagada, lo que significa que me entrego a un decir que, así como necesario, es doloroso, pues en él resuena mi diferencia con el próximo y las miserias de las que me he o me han hecho objeto el abanico de convenciones sociales en boga por el occidente donde crecí. Insisto, por tanto, en que es hecho de placer el poetizar una realidad con un idioma, ya que, como se sabe, el goce contiene su buena pizca de dolor adosado y su cierta dosis de daño cuando se trata del mejor.
Así también, la escritura sería para mí lo que la locura a un mendicante, debido a que ella me hace sentir como el poderoso que puede ver lo que el prosaico pasa por alto, no obstante, mi condición desmedrada y zarrapastrosa. Digamos entonces, que hablo de ocupar un lugar en el que lo marginal de pronto se halla en la esfera del privilegio, es decir, donde el orate se sabe veraz, aunque el vecino en la banca de su plaza le mire despreciando y el arrendador de su morada lo asquee con denuedo.
Y por eso que se tiene de loco y de enfermo es bueno que la cosa dicha aparezca con la sintaxis un tanto quebrada y con palabra muy novedosa, así como si se buscase, como lo hiciera Brecht, extrañar al que concurre a su proscenio. Y, ciertamente, por eso de loco y por eso de no importarle a uno perder la apuesta es que la garganta propia debe ser la cloaca de la denuncia quemante y la fauce mordedora de la mano que a uno le dio el nombre. Al fin de cuentas, uno debiera tener como máximo referente no a la ciencia, ni a la ley de los hombres, sino a la entrega del que danza, del que expone su centro a una rutina diaria y extenuante, aquel que hace su arte, sólo, por medio de una inmolación cuotidiana, una muerte sobre la escena, como la tiene una bailadora sangrada toda una vida bajo el reflector y el ojo avizor de su público.
¿Cuáles son los criterios en los que se enmarca tu creación?
Los criterios que sirven de marco y cima a mi acosar la palabra tienen que ver con los instintos quemantes y las dubitaciones que muerden el seso, con los accesos súbitos de horror y las definiciones que osa mi afán quebrantando lo ya dicho o lo ya impuesto. Debido a lo anterior, será bueno entender que el ámbito de reflexión de mi quehacer estará circunscrito a los ardores del cuerpo, a los clamores del sexo, a los hondores del instinto, a los laceramientos que sufre la carne y a un reclamar con el gesto adusto, en síntesis, a lo que Artaud hubiera llamado el acontecer del hígado que es lo mismo decir que el acontecer del alma.
¿Cómo ves la actividad artístico-poética de la que consideras tu generación?
Yo la veo como ve un testigo pasivo la revuelta de los hombres libertarios. Yo la veo, a la actividad artístico-poética de mi generación, como a un gesto de desenfreno y súplica denodado, más que todo, y hambriento, por cierto. La intuyo poseedora de la misma pasión multiplicadora de la información actual, es decir, con una clara tendencia hacia la expansión y amplificación velocísima antes que a un carácter de concentración y amalgama. Me parece ver venir o estar viendo poesía que es la regurgitación masiva de los dentrores de mis hermanos más que un trabajar como en joyería. Esto último no en desmedro de la belleza de las piezas sino en ganancia del desenfado y vocación de denuncia. Es decir, se está haciendo poesía.
Al mismo tiempo gustaría decir que veo dos poéticas funcionar, las unas queriéndose penetrar a los intersticios del ser y las otras escapando a toda costa del centro mismo del hecho humano. Esto no se debe a una cosa adquirida o externa sino a una forma de venir siendo, ciertamente, congénita y a la fisonomía espiritual de cada autor. En cuanto a esto, reconozco mi preferencia no por la escritura que escapa de su centro y se haya temerosa de si misma como un surtidor de imágenes letales que espanta a todo el resto de su cuerpo. Amaría, por cierto, una poesía que propenda el acercamiento y el hermanamiento, donde dos o más pudieran reconocerse en la misma noche como oficiantes del mismo templo.
En general, se puede apreciar un escribir que no puede definir bien las márgenes de su género: estarán los que digan que a la poesía ya no le alcanza la poesía y que el decir poético emprende ya una retirada hacia otras formas situadas en el entre de una prosa y un versificado, por ejemplo. O en el entre de un cuento y un quién sabe qué. Y todo esto estará bien pues da cuenta de que la palabra está viva y cambiante por lo viva y enloquecida por lo viva.
¿Cual es tu experiencia de crear en provincia?
A mi la provincia me ha educado en la prudencia y/o el temor, cosa para nada negativa. Digo esto porque de niño me tocó ver en el mundillo de la poesía unas envidias de espanto y unas bajezas de cuento. Todos feos asuntos que me sumieron en un escribir callado y demorándose como lo podría hacer un bivalvo. Pero esta situación lejos del desmedro que supone ha significado para mi verbo el contexto apropiado para madurar, así como la pupa es para la mariposa. Es por esto que suelo hablar de una labia larvaria, que es un cocer el verbo en forma constante, a ver si lanza alguna vez un hervor de talento en un dicho luminoso.
El hecho de vivir así la poesía, casi en callamiento total a no ser por maravillosas excepciones humanas y penquistas, me ha obligado a salir en busca de pares fuera de mi terruño y esta decisión que alguna vez tomé ha constituido un desencadenamiento de esplendores altamente favorables. Es así, como he reconocido a otros escribientes con mi misma índole en distintas ciudades de este país, a saber Valdivia, Temuco, Puerto Montt, Santiago que es grande en amistades, y Valparaíso, subyugante y sobrenatural. Y en otros parajes más distantes también como Bogotá, Cali, Buenaventura, Popayán y la mismísima selva colombiana del pacífico en esa isla de Ladrilleros. También he abrazado la poesía de personajes limeños, los hube miraflorinos y del Rimac, así como también inolvidables arequipeños y piurenses, a quienes aquí llevo recordándolos, así como a mis amigos de La Paz y Mérida.
divagatio

Concentren su atención en el hombre del centro. Podrán advertir que el largo de su corbata no es coherente con el largo del tronco. Es, a lo menos, ridícula. no responde a la usanza prestigiada. Al bajar un poco la mirada podrán advertir que el pantalón está unos cuantos centímetros más arriba del rango normal. La forma de sostener el diploma (a lo bandeja) no es mejor, al contrario, deja en evidencia su origen modesto, su calidad de sirviente.Al observar el cráneo del sujeto queda en evidencia, de forma inmediata, q su corte responde al estilo de los espíritus menores. Se presume que su mantención ha quedado a cargo del mismo sujeto, con las consecuentes deficiencias que ello implica, tales como, la aparición de dos montículos, tanto en el hemisferio derecho como en el izquierdo, que hacen suponer al espectador el incipiente surgimiento de dos cuernos.
A su extremo izquierdo, el Alcalde de Santiago, Señor Raúl Alcaíno, no ayuda en nada a mejorar el dantesco espectaculo. Su cara de "mmm me puse el calzoncillo al revés" sólo aporta mayores disgustos al amable testigo del suceso.
A su lado, el Señor Milan Ivelic, Director Nacional del Museo de Bellas Artes oculta una inoportuna erección. Su gesto indica que alguien en la multitud ha advertido la situación. Él, intenta distender el ambiente con un gesto de picardia: sonríe. Piensa "La Carlotita se dio cuenta".No ahondaré más en ese tema.
La mujer de verde, la concejal Lyon de Ravinet, a pesar del esfuerzo que realiza por parecer feliz y satisfecha posee una opacidad en su mirada que nos revela el temor que tiene a que la concurrencia repare en que su brazo derecho es, ostensiblemente, más largo que el izquierdo. Su falda, translúcida, también la preocupa: sus rodillas están giradas y fueron la causa de su frustrado proyecto de consagrar su vida al arte militar. Quiso abrazar la vocación castrense, pero le fue esquivo el azar.
A su lado el concejal Undurraga, hace gala de su naturaleza anodina. Nada en él me dice algo.
A su extremo izquierdo, el Alcalde de Santiago, Señor Raúl Alcaíno, no ayuda en nada a mejorar el dantesco espectaculo. Su cara de "mmm me puse el calzoncillo al revés" sólo aporta mayores disgustos al amable testigo del suceso.
A su lado, el Señor Milan Ivelic, Director Nacional del Museo de Bellas Artes oculta una inoportuna erección. Su gesto indica que alguien en la multitud ha advertido la situación. Él, intenta distender el ambiente con un gesto de picardia: sonríe. Piensa "La Carlotita se dio cuenta".No ahondaré más en ese tema.
La mujer de verde, la concejal Lyon de Ravinet, a pesar del esfuerzo que realiza por parecer feliz y satisfecha posee una opacidad en su mirada que nos revela el temor que tiene a que la concurrencia repare en que su brazo derecho es, ostensiblemente, más largo que el izquierdo. Su falda, translúcida, también la preocupa: sus rodillas están giradas y fueron la causa de su frustrado proyecto de consagrar su vida al arte militar. Quiso abrazar la vocación castrense, pero le fue esquivo el azar.
A su lado el concejal Undurraga, hace gala de su naturaleza anodina. Nada en él me dice algo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
